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Las recompensas de la soledad.



La soledad está muy mal vista. Se ha convertido en la fea del baile con la que nadie quiere bailar, llegando a estigmatizar a los que han elegido bailar con ella. 

El inglés nos da la oportunidad de tener una palabra para la soledad que no encontramos en el castellano, “solitude”, que hace referencia a la necesidad y al gusto por alejarnos de los demás de vez en cuando. Este tipo de soledad tiene múltiples beneficios que no albergan las etiquetas negativas a las que estamos acostumbrados, y es de la que ahora queremos hablar.  


Nos da miedo el retiro porque nos hace sentirnos vulnerables y abandonados. En algún momento, de forma totalmente errónea, hemos interiorizado que los demás nos complementan y nos cuidanPretendemos escapar de la posibilidad de que nos puedan etiquetar como asociales o como personas que no tienen capacidad de relacionarse. 

La psicóloga Mireia Darder asegura que una sociedad como la nuestra te obliga a estar excesivamente pendiente del exterior, a estar hiperconectado, mientras que por otro lado, la soledad representa la única posibilidad de conectar otra vez con uno mismo, algo realmente necesario para obtener el equilibrio y evitar drenar nuestra energía. 

Thoreau afirmaba: “vivimos de forma demasiado espesa, respondiendo al mundo que nos rodea en lugar de aprender a conocernos a nosotros mismo”.  

Thoreau quería transmitirnos que la soledad no tiene por qué ser una falta de actividad, sino una experiencia más de la que disfrutar. La soledad te lleva de vuelta a ti mismo, a ese momento en el que nos procuramos la comodidad de familiarizarnos y estar en compañía de nosotros mismos, autorizándonos la libertad de ser solitarios.  

No nos hemos permitido conocer a la estigmatizada soledad. El temor a lo desconocido es un terreno abonado en el que hacemos crecer los prejuicios y las creencias, así como la exposición a ideas catastrofistas, absolutistas o de autoexigencia.  

Dicho esto, corresponde preguntarse si el temor a la soledad es porque no nos hemos permitido conocerla de cerca para apreciarla mejor. Como la gran mayoría de nuestros miedos e inseguridades, son grandes monstruos que hemos alimentado con pretextos, prejuicios y presuposiciones.  

Un estado de retirada consciente a esa reunión contigo mismo propicia los estados de:  




No caigamos en una imagen demasiado poética de la soledad. Puede que la soledad sea la piedra angular para propiciar estados creativos e introspectivos, con los beneficios que ello conlleva, pero debemos asumir que no siempre nos hará sentir bien, pero esto no tiene por qué ser malo.

Dentro de este contexto, ponemos el foco en las recompensas que apreciaremos de la soledad:  






Si nos negamos el familiarizamos con las satisfacciones que puede darnos la soledad, pueden darse dos escenarios: o bien que sólo reconozcamos el pánico del aislamiento, o que nos neguemos a nosotros mismos los beneficios de la soledad porque consideremos que el tiempo que le invertimos es un recurso que debemos explotar de otra forma. 

El filósofo actual Byung-Chul Han nos hace reflexionar en su libro “La expulsión de lo distinto: Percepción y comunicación en la sociedad actual” a recuperar nuestro espacio contemplativo para compensar la hiperactividad a la que nos sometemos, a desarrollar una positiva tolerancia al aburrimiento, o a la sensación de vacío nos haría ganar desintoxicación de un mundo que nos empacha de estímulos y nos sobrecarga de información.  


La soledad no implica necesariamente estar sólo. Recordemos la palabra en inglés “solitude”, es un estado de retirada consciente, una reunión contigo mismo. La capacidad para la soledad hace que las relaciones con los demás sean más auténticas. Cuando sabemos quiénes somos, vemos también quiénes son realmente los demás, y no quiénes necesitamos que sean. 


Así pues, no permitamos que nuestro modo de vida carcoma nuestra capacidad para disfrutar de la “solitude”. No nos dejemos arrastrar por prejuicios y estereotipos. A veces, la más fea del baile puede sorprendernos con una belleza que no habíamos sido capaces de apreciar entre el bullicio de la multitud. 

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