Más entradas del blog:

Fenómeno del "ya lo sabía yo"



Si en una misma ecuación juntamos “reconocer que nos hemos equivocado o que no fuimos capaces de ver un apunte importante a la hora de tomar una decisión” y “nuestros errores de juicio con respecto a nuestros recuerdos”, tenemos como resultado el inevitable prejuicio de retrospectiva o recapitulación, o lo que llamamos vulgarmente el fenómeno del “ya lo sabía yo”.  

El riesgo que asumimos con este error de lógica es que nos hará creer que somos mucho mejores de lo que somos en realidad, pronosticando las consecuencias derivadas de una acción o una decisión.  
Winston Churchill solía decir: “Evito siempre predecir de antemano, porque es mucho más fácil hacerlo a posteriori”. 
Este sesgo o error de lógica es muy habitual en situaciones de crisis económicas y sociales. Y tenemos muchos ejemplos para apoyar este argumento, como la pasada crisis global del 2008, en el que el crash inmobiliario causó estragos en la economía global. Fueron muchos los que una vez estalló la burbuja inmobiliaria afirmaron categóricamente haber visto venir el cataclismo que iba a ocurrir y las consecuencias que íbamos a sufrir. Pero curiosamente muchos de ellos, a pesar de haber hecho tan acertada predicción, fueron los primeros en recibir el embiste de la crisis, por no decir, los que más. Porque, como decimos por aquí, “a toro pasado todos somos Manolete”. 

Este sesgo afecta al modo en que recuperamos los contenidos de nuestra memoria, hechos y datos. Distorsionamos nuestros recuerdos, y así modificamos nuestra percepción sobre los acontecimientos pasados, como pensábamos, como reaccionamos, cuáles fueran nuestra decisiones y acciones, reconstruyendo nuestros recuerdos en experiencias pasadas a todos esos hechos, con la finalidad de dar veracidad y que se adapten como un guante a cómo se desarrolló finalmente la situación.  

Nuestra recuperación de hechos pasados no es muy fiable. El tiempo diluye los recuerdos, las emociones, los datos y algunos hechos complementándolos a base de reconstrucciones basadas en la experiencia adquirida cuando vemos el final del evento en cuestión y las consecuencias derivadas.  

Es decir, cogemos nuestros recuerdos, la experiencia y el conocimiento y lo metemos en una coctelera y nos tomamos un sorbo de la predicción que realmente nunca tuvimos.  

Es de los errores más complicados de eludir. Pero recuérdate a ti mismo esto cada vez que te escuches decir “ya sabía yo que...” Porque los seres humanos somos muchas cosas, pero desde luego no infalibles. Y aunque nuestro cerebro es una máquina que se ejecuta de una forma maravillosa tiene varios fallos de software con los que debemos contar.  

Así que, recordando a Churchill y a nuestro refranero popular, flexibilicemos un poco nuestro juicio sobre las acciones, evitemos predecir al final. Porque cuando todo ya se ha desencadenado, a toro pasado todos somos Manolete.  
¡Comparte!

LinkedIn Gorjeo Facebook WhatsApp Email

Post recomendados de la semana.

Conversaciones recomendadas de la semana.