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“Hedonic Treadmill” o cuando te acostumbras a tener algo y deja de interesarte.



Epicuro de Samos, filósofo griego, dejaría para la posteridad reflexiones tan importantes como: “El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea el dueño del mundo”. Y el motivo por el cual el gran filósofo griego hacía semejante afirmación es la “adaptación hedónica”, también denominada “hedonic treadmill”. Este es el motivo por el cual nunca seríamos felices.  


¿Qué es el hedonismo? Esta corriente inicialmente filosófica impulsa por Epicuro en la antigua Grecia argumentaba que: “El objetivo principal de cualquiera de nosotros es la búsqueda del placer y evitar el sufrimiento. Pero la adaptación hedónica nos dota de la capacidad de adaptarnos a una nueva situación, ya sea positiva o negativa, recuperando el estado emocional anterior a que se produjera dicha situación.” 

Dejando por el momento a un lado la filosofía, en la actualidad nos fijamos en la llamada psicología de la felicidad. Y es aquí donde los psicólogos Brickman y Campbell hicieron su gran aportación, acuñando en los años 70 el termino de “adaptación hedónica” y que posteriormente el psicólogo Michael Eysenk, en los años 90, haría evolucionar como “hedonic treadmill” o “cinta de correr hedonista”. 

Eysenk se referiría a la búsqueda de la felicidad comparándola con una cinta de correr donde la persona no deja de andar pero, en realidad, siempre se encuentra en el mismo lugar.  


La adaptación hedónica es la responsable de que el placer sea efímero. Este término se refiere a la capacidad que tenemos para acostumbrarnos al placer, provocando que una vez hemos obtenido aquello que consideramos objeto de deseo y después de un determinado periodo de tiempo, sentiremos de nuevo la necesidad de obtener algo distinto, entrando en un bucle de búsqueda constante de felicidad.  

El consumismo es de los ámbitos en los que más se explota esta capacidad. Se alimenta de nuestra capacidad de adaptación haciendo que cada nuevo producto sea la promesa de la satisfacción, cada nueva adquisición nos hará ser mejores en algún aspecto. Pero la realidad es que nunca será suficiente, puesto que siempre estaremos a un producto de conseguir lo que realmente nos hace felices. 

Detectamos rápidamente el cambio (positivo o negativo) y reaccionamos a éste acomodándonos con igual rapidez a la nueva situación para poder estar preparados y alerta a los nuevos cambios que se puedan ir dando. 



Esta capacidad de adaptación es realmente positiva en situaciones de malestar emocional o de tristeza. Por complicada o desesperante que nos pueda parecer una situación transcurrido un determinado lapso de tiempo, nos adaptaremos al nuevo escenario puesto que ya representará nuestra realidad actual, encontrando nuevas fórmulas que nos permitan asimilar la situación y devolvernos a un estado emocional normal. Creemos que la plena satisfacción es un estado alcanzable a través de un determinado objeto, situación o acontecimiento, considerando que después este estado de total y absoluta satisfacción permanecerá ahí para siempre como una fuente inagotable de placer y felicidad.  

Pero el estado que alcanzaremos es efímero y transitorio, y en un determinado período de tiempo volveremos a un estado de neutralidad. En el peor de los escenarios sentiremos un vacío que nos empujará a la adquisición de un nuevo objeto, un nuevo objetivo o acontecimiento, que nos devolverá a nuestra “rueda hedónica” buscando mantener ese estado álgido de felicidad que esperábamos obtener.  

No existen fórmulas mágicas para evitar este bucle, así que, ¿Qué podemos hacer para evitar entrar y salir constantemente de la rueda hedónica? 

Debemos ser conscientes de que estamos influenciados, y lo estaremos, por este proceso adaptativo, asumiendo la responsabilidad de no cederle el control de nuestras decisiones y acciones, procurándonos una mayor comprensión de nuestros estados emocionales y nuestra proyección de la satisfacción que podemos obtener de los objetos o los eventos que nos suceden. Debemos esforzarnos en comprender que todo es efímero y transitorio, evocándonos a un estado emocional de durabilidad limitada al cual nos acabaremos acostumbrando, tanto para lo bueno como para lo malo.  

La felicidad y tu bienestar no depende tanto de lo que tienes o de lo que te pasa, sino de que haces con lo que tienes y cómo reacciones a ello 
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