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Conmigo o sin mí, Pensamiento Dicotómico.



Conmigo o sin mí. Bueno o malo. Verdad o mentira. Blanco o negro.  

Las opciones graduales no están consideradas por aquellas personas que construyen su realidad en base a categorías. Esta tendencia a evaluar en extremos totalmente polarizados (todo o nada) es lo que en el campo de la psicología social se ha denominado “pensamiento dicotómico” o “pensamiento en blanco y negro”.  

Estas personas necesitan ajustarse a un esquema rígido y estable que les ofrezca la posibilidad de simplificarlo todo y así obtener una ficticia sensación de control, representando un pensamiento excluyente y limitante.  

“Hay dos tipos de personas en este mundo, las que creen que hay dos tipos de personas y las que no”.  

Las personas que sufren este tipo de distorsiones de la realidad construyen sus experiencias de forma extrema y absolutista, evocadas a la generalización, dando lugar y reforzando ideas preconcebidas que son el abono perfecto para el origen de muchos prejuicios y el alimento de los estereotipos.  

A su vez, la polarización de una conducta puede sernos de gran utilidad en algunas situaciones para evaluar una situación concreta y tomar decisiones. Resulta más sencillo ya que nuestro cerebro no necesitará hacer ningún esfuerzo al no obligarnos a contemplar la variedad y diversidad de factores. Es un modo de ahorro energético en los procesos cognitivos.  

A nuestro cerebro le encanta este modelo de toma de decisiones, y es por el que suele tener cierta predilección. Ya hemos visto a lo larga de varias entradas en este blog que nuestro cerebro rápidamente pulsa el botón de “ON” en lo que ahorro energético y de recursos se refiere. 

Le debemos a Albert Elis el desarrollo del modelo de la terapia racional emotiva conductual y a Aaron Beck su método de terapia cognitiva, que pone especial atención en las creencias y los filtros que empleamos para percibir la realidad y cómo trabajamos la información almacenada. Todos distorsionamos de algún modo la información que percibimos, pero es un problema cuando de forma sistemática nuestro pensamiento se presenta de forma rígida y estereotipada, dirigiéndonos al cautiverio del pensamiento dicotómico.  

Evolutivamente, las modificaciones de nuestros procesos cognitivos en el proceso del filtro de la información a través de la experiencia ha sido el modo en el que nuestro cerebro ha garantizado nuestra supervivencia. Por este motivo, nuestros procesos cognitivos son un reflejo del grado de madurez de procesos de pensamiento de una persona.  

Beck así lo teorizó, apoyándose en los fundamentos de la teoría de desarrollo cognitivo para crear un modelo de clasificación del proceso madurativo de una mente primitiva a una mente madura.


Evitar el absolutismo del pensamiento dicotómico no es siempre sencillo y nos encontraremos en muchas ocasiones en las que viviremos episodios de un alto impacto emocional, como rupturas de pareja, muerte de un familiar o la pérdida de un empleo, en el que el pensamiento dicotómico estará muy marcado en nuestras acciones. Por este motivo debemos diferenciar las situaciones puntuales de la práctica habitual.  

Ser capaces de controlar esta distorsión cognitiva nos facilitará una mayor riqueza en nuestros puntos de vista, facilitando que éstos sean más respetuosos y con la flexibilidad necesaria para adaptarnos a las complejidades del mundo y a la interacción con las personas. Conectaremos y nos enriqueceremos con todo lo que nos rodea y favoreceremos nuestras relaciones, experiencias y capacidades.  

Como dijo Robert B. Reich: “Descubre por ti mismo en qué quieres llegar a ser muy bueno, sé consciente de que nunca te satisfará del todo haber alcanzado el pleno dominio, y acepta que así está bien.”  

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