Elige tu idioma:

Archivo del Blog:

Verdad es aquello que quiero creer.


Le debemos al griego la palabra Kalopsia. Este término hace alusión a la creencia que algo es más bonito de lo que es en realidad. Lo que ayer la filosofía teorizó hoy la ciencia lo ha puesto de manifiesto. Identificando este sesgo cognitivo como: “sesgo de la percepción selectiva” o coloquialmente llamado “autoengaño”.  
Estaríamos ante una de las distorsiones cognitivas más comunes que afectan a nuestra atención hacia aquellos estímulos que nos sirven para validar nuestras expectativas y que nos hacen discriminar el resto de información como innecesaria.  

Este error de lógica se ha considerado el precursor de el “efecto Pigmalión”. A través de la percepción selectiva de determinados sucesos.  
Damos paso a el efecto Pigmalión, momento en el que de forma inconsciente modularemos nuestra conducta y lenguaje hacia la validación de los resultados y que estos den coherencia a nuestra creencia.  

Nuestras emociones no suelen ser nuestras mejores aliadas, interfieren notablemente en nuestra percepción y sobre la opinión que desarrollamos, negando evidencias que no queremos ver o prestando atención sólo aquellos sucesos que podemos utilizar con el fin de confirmar nuestros deseos y creencias.  

Estamos ante un mecanismo que nos permite hacer un filtro y discriminar parte de la información que nos impacta para evitar sobrecarga de estímulos. Este error cognitivo limita y dificulta la objetividad o el desarrollo de puntos de vista.  


La función de la percepción selectiva fue impulsada por William James en 1890. Posteriormente Joseh T. Klapper publicó en 1960 “Los efectos de la comunicación de masas”, y apuntaba que el público era un grupo de individuos pasivos ante la influencia de la publicidad o los mensajes que tenían como objetivo orientar el comportamiento, ya que los mensajes sólo eran efectivos como meros reforzadores de convicciones o creencias preestablecidas.  

Es decir, que los mensajes serán percibidos según los propios intereses. Un claro ejemplo es un partido de fútbol, cada equipo suele tener una visión muy diferente de la del árbitro cuando este señala una falta a su equipo.  

Quienes más se han beneficiado de esta distorsión cognitiva han sido, como es habitual, empresas de publicidad, marketing o en política. 

Seymour Smith, académico de la publicidad puso un especial interés en este sesgo cognitivo, encontrando evidencias de la percepción en la publicidad. Describiéndolo como un proceso en el que el sujeto es influenciado por aquel material que, basándose en preferencias de uso, hábitos, condiciones económicas o culturales y en sus creencias preexistentes sobre la marca.  


Aquellos que se sienten afines a una determinada marca, suelen comprarla o están pensando en comprar un producto de ésta, tendrán una mayor tendencia a notar la publicidad de la misma que aquellos que son neutrales a la marca.  

Todos contamos con una gran variedad de ejemplos de este hecho. Cuando hemos pretendido cambiar de coche y el modelo deseado aparece a nuestro lado en un semáforo, lo vemos anunciado con mayor frecuencia en televisión o prensa, nos llega un mayor número de noticias sobre el modelo elegido, o noticias positivas sobre la marca elegida.  

No es un acto ni divino, ni místico, simplemente es un proceso ahorrativo de nuestro cerebro que nos hace más vulnerables y sensibles, enviando nuestro foco de atención en esa dirección mientras discrimina el resto de información.  

Este hecho tenía una repercusión negativa en los análisis y resultados post-publicidad puesto que no se podía controlar el número de consumidores predispuestos o neutrales. 

Pero la tecnología llegó para salvar este escollo y que el sector del consumo pueda seguir aprovechándose de nuestros sesgos cognitivos creando las famosas “cookies”. Su principal objetivo, recabar la información sobre nuestros intereses y recopilar nuestra sensibilidad hacía determinadas marcas o productos, y así ofrecernos la publicidad concreta que “necesitamos”.  

Ser conocedor de este error de software que tenemos, nos permite avanzar hacía el análisis y aprendizaje de nuestras debilidades. Esto nos reportará una confianza mucho mayor sobre nuestras decisiones y hábitos, puesto que cada vez tendremos una mayor comprensión sobre nosotros mismos, permitiéndonos alcanzar la mejor versión de nosotros mismos.  

Artículos relacionados: 
Efecto pigmalión. http://bit.ly/lefecto-pigmalion 
¡Comparte!

LinkedIn Gorjeo Facebook WhatsApp Email

Artículos recomendados.