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¡Para! No pienses más. Parálisis por análisis.


“El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir, nunca decide”.  

Sin dar mucha relevancia a la decisión o idea que nos ocupa la mente en este momento, sobreanalizamos la situación. Recabamos tal volumen de información y datos estadísticos que seguramente nos impide discernir la información relevante de la superflua. 
Hacemos un exhaustivo análisis de pros y contras. Exploramos todos los casos prácticos similares que tenemos a nuestro alcance para que nos sirvan de marco de referencia y predictivo. Queremos tener controlados todos los detalles y que su vez que estos rocen la perfección idealizada.  

¿Te resulta familiar esta situación?  

Si tu objetivo era agotar a tu cerebro y transformarte en el icono de tu ordenador Windows, dando vueltas en un bucle cuando se bloquea. ¡Felicidades! Has cumplido con tu objetivo.  

Posiblemente no seas consciente de que, en tu misión de intentar tomar la mejor decisión posible, te has ido directo a la puerta de entrada de uno de los principales motivos por los que nos bloqueamos a la hora de emprender una acción o tomar decisión. 
A este estado se le ha dado el nombre de: “parálisis por análisis”.  

Los principales motivos que nos pueden evocar a la parálisis por análisis son:  
  • Miedo a equivocarnos: el temor a que la decisión o acción escogida no resulte un éxito, no nos reporte los beneficios esperados o desemboque en las repercusiones esperadas.  
  • Exceso de información: al no poner un límite ni al tiempo invertido ni al volumen de la información recabada, contaremos con muchísimos datos, y realmente no sabremos como manejarlos para sacarles el máximo beneficio.  
  • Idealización del resultado: exigirnos la excelencia o el perfeccionismo del resultado. (No te pierdas el artículo: “Perfeccionismo, ¿defecto o virtud? para saber más sobre los efectos de ser un perfeccionista). 
  • Falta de experiencia: no disponer de marcos de referencia basados en experiencias pasadas, ya sean propias o aprendidas, que nos permitan anticiparnos al ensayo – error.  
Tomamos una media de entre 2000 y 2500 decisiones diarias en un día tranquilo. Un piloto de avión puede llegar a tomar hasta 5000 decisiones. A primera vista no debería quedarnos ninguna duda de nuestra capacidad de poder tomar decisiones. 

Ahora bien, cuando nos obstaculiza la parálisis por análisis entramos en una dinámica que implica:  
  • Procrastinación: encontraremos una amplia variedad de cosas y decisiones que anteponer a la que tenemos entre manos. Buscaremos tareas y decisiones más sencillas para sentirnos mejor ante la insatisfacción de no poder afrontar la situación que realmente nos interesa resolver.  
  • Desmotivación, insatisfacción y baja autoestima: habremos destinado una gran cantidad de tiempo recabando información, profundos análisis de pros y contras, pero a pesar de todo el tiempo y recursos invertidos la sensación de que no nos sirve de nada hará que incremente nuestra insatisfacción, desmotivándonos y bajando nuestra autoestima ante la incapacidad de obtener el resultado esperado.  
Esto nos lleva a darnos cuenta de que pensar y analizar demasiado tratando de resolver una situación desencadenará una serie de reacciones que harán mermar nuestra concentración, productividad creatividadinstalándonos en un estado de agotamiento mental totalmente indeseado.  

Dejando de lado las consecuencias de la parálisis por análisis, y entendiendo los motivos que desencadenan este fenómeno, lo importante es determinar con q herramientas contamos para salir de la inmovilización. Recapitulemos algunas pautas que podemos adoptar para resolver nuestra indecisión.  

Limita el número de opciones. A veces, menos es más. Como vimos en la conferencia TED de Barry Shwarts: “demasiadas opciones no nos hacen más libres, sino que nos paralizan”.  

  • No esperes encontrar la solución perfecta. En lugar de recopilar todas las acciones, quédate con las que cumplen mínimamente con los requisitos indispensables.  
  • Comparte y pide consejo. Tener otro punto de vista, más neutro, al no tener una implicación directa, contar con alguien que nos dé su opinión nos aportará objetividad.  
  • Pon un límite. Establece una fecha inamovible y comprométete contigo mismo en cumplirla.  
Ahora bien, tengamos en cuenta de no polarizar nuestra actitud y pasar de la parálisis por análisis al sesgo cognitivo de la acción. No olvidemos que la acción debe ser una creación y no una reacción, pero tampoco algo que nos paralice y nos inmovilice, como puedes ver en el artículo sobre el “sesgo de acción”. 

Lo que interesa aquí no es tanto tener toda la información sobre el fenómeno de la parálisis por análisis, lo realmente importante es: ¿qué vas hacer con esta información? 

Espero que se convierta en un elemento más para tu personal caja de herramientas, ayudándote a alcanzar la mejor versión de ti mismo.  
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