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Ser un perfeccionista. ¿Defecto o virtud?


Ser un perfeccionista es uno de los defectos mejor valorados, pero, ¿sabemos realmente qué es ser un perfeccionista?  

El médico y terapeuta Alfred Adler definió el perfeccionismo como una voluntad de superioridad que se desarrolla con la finalidad de compensar un sentimiento de inferioridad. También Hewitt y Flet hicieron su aportación, llegando a definir la “escala de auto-presentación perfeccionista”: 
  • Descubrir la propia perfección. 
  • Evitar situaciones imperfectas. 
  • Esconder hechos en los que se ha sido imperfecto.  

Este rasgo se fundamenta en la creencia de que se “se puede” y “se debe” alcanzar la perfección. Imprimen a las situaciones una perfección idealizada y en muchos casos inalcanzable. Deducen que la perfección es un hecho, una meta real.  

“La paradoja del perfeccionismo es que en realidad se trata de un rasgo asociado a la falta de seguridad y confianza, considerándose en la mayoría de los casos una conducta limitante.” 

Para poder alcanzar la perfección imaginada, los perfeccionistas desarrollan una autoexigencia feroz, prestando máxima atención al diálogo interno que le proporciona una crítica negativa de las propias acciones, decisiones y resultados constante.  Siempre estarán lejos de la consideración de ser perfectos. Este patrón de exigencia lo acaban proyectando sobre las personas con la que se relacionan, llegando a perjudicar gravemente sus relaciones personales, tanto el ámbito personal como profesional.  

¿Cuáles serían los rasgos y limitaciones de un perfeccionista? 
Autoestima baja: nunca se sienten satisfechos con los logros obtenidos. Su percepción distorsionada les hace creer que su trabajo no está a la altura, a pesar de los elogios que puedan recibir. Manifiestan irritabilidad y susceptibilidad con facilidad 
Pesimismo: su nivel de exigencia les expone a una tensión constante, definiendo metas inalcanzables. Al no reconocer sus propios logros, desarrollan un punto de vista negativo hacia la consecución de objetivos que les genera un estado melancólico, de frustración incesante. 
Actitud saboteadora: sus emociones predominantes son la ira, la rigidez mental y la inflexibilidad. Pierden oportunidades de aprender a través de la experiencia de los demás. La culpa y la auto recriminación los acompañan siempre como consecuencia de la propia insatisfacción ante sus resultados.  
Baja eficiencia: gastan excesivos recursos en pequeños detalles que añaden poco o ningún valor al resultado final.  
Relaciones complicadas con el entorno: tienen la convicción de poseer la verdad imponiendo su punto de vista. No confían en los demás porque consideran que nunca se esfuerzan tanto como ellos mismos y no comparten su objetivo de alcanzar la excelencia. Presentan baja tolerancia a la crítica y a que les digan lo que tienen que hacer. 

Las principales consecuencias de ser un perfeccionista son los altos de niveles de estrés y la ansiedad con la que vive todo en su vida y su dificultad para relacionarse, llegando incluso a reducir de forma considerable sus interactuaciones en ámbitos sociales 

Muchos confunden el perfeccionismo con ser personas enfocadas y con motivación de logro. Éste es un impulso que tienen muchas personas de superar retos y obstáculos que, movidos por la competitividad, desarrollan un alto sentimiento de crecer, avanzar y alcanzar el siguiente peldaño hacia el éxito. Para ellos lo más importante es la consecución de la meta en sí misma, no las recompensas asociadas.  

Los orientados a logros están Inclinados a vencer obstáculos, realizando y superando sus tareas más complicadas lo más rápido posible, siendo altamente creativos en la resolución de dificultades. Puesto que disfrutan con ello, y su motivación no es otra que la propia consecución del objetivo, convierten el reto en experiencia.  

Erich Fromm dijo, “si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás”. 

Qué prefieres ser, ¿un perfeccionista o una persona con alta motivación al logro? 


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