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Conversación de Cafetería. Mens sana in corpore sano.

Nuestras ideas y nuestras creencias nos alimentan. Son las que nutren nuestra forma de entender el mundo que nos rodea y a nosotros mismos. Las cocinamos a través de nuestros filtros, que se basan en nuestras experiencias, y las condimentamos con las especies de la información que tenemos a nuestro alcance.
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Fenómeno del "ya lo sabía yo"



Si en una misma ecuación juntamos “reconocer que nos hemos equivocado o que no fuimos capaces de ver un apunte importante a la hora de tomar una decisión” y “nuestros errores de juicio con respecto a nuestros recuerdos”, tenemos como resultado el inevitable prejuicio de retrospectiva o recapitulación, o lo que llamamos vulgarmente el fenómeno del “ya lo sabía yo”.  

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Las recompensas de la soledad.



La soledad está muy mal vista. Se ha convertido en la fea del baile con la que nadie quiere bailar, llegando a estigmatizar a los que han elegido bailar con ella. 

El inglés nos da la oportunidad de tener una palabra para la soledad que no encontramos en el castellano, “solitude”, que hace referencia a la necesidad y al gusto por alejarnos de los demás de vez en cuando. Este tipo de soledad tiene múltiples beneficios que no albergan las etiquetas negativas a las que estamos acostumbrados, y es de la que ahora queremos hablar.  

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Porque quiero. Norma de reciprocidad


Nuestras sociedades se han construido en torno a muchas normas sociales aprobadas, aceptadas y ampliamente establecidas. Pero pocas son las que se comparten en la gran mayoría de las sociedades, independientemente de su cultura, religión, costumbres y valores, como “la norma de la reciprocidad”.

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¿Allí donde fueres haz lo que vieres? Mejor saca tus propias conclusiones.

El conocido psicólogo y escritor estadounidense Robert Cialdini dice que la “prueba social”, también conocida como “influencia social informativa” es un fenómeno psicológico que se da en situaciones sociales que identificamos como ambiguas. 

Cuando no estamos en condiciones de identificar cuál es el comportamiento adecuado que debemos tener en una situación concreta, adoptamos la actitud generalizada de nuestro entorno.  

Lo que vulgarmente entendemos como “allí donde fueres haz lo que vieres”.  

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Expectativas, ¿Culpabilizarías al vulgar cactus que tienes delante por no ser lo que esperabas?

¿En base a qué argumento tenemos que conseguir todo lo que queremos y que todo suceda como esperamos? Los más creativos o simpatizantes de la retórica nos podrían hacer un excelente ejercicio argumentativo con el que incluso podrían llegar a convencernos con motivos bastante elaborados, pero desde un punto de vista objetivo la respuesta es: no hay motivos.  
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“Hedonic Treadmill” o cuando te acostumbras a tener algo y deja de interesarte.

Epicuro de Samos, filósofo griego, dejaría para la posteridad reflexiones tan importantes como: “El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea el dueño del mundo”. Y el motivo por el cual el gran filósofo griego hacía semejante afirmación es la “adaptación hedónica”, también denominada “hedonic treadmill”. Este es el motivo por el cual nunca seríamos felices.  

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Conmigo o sin mí, Pensamiento Dicotómico.



Conmigo o sin mí. Bueno o malo. Verdad o mentira. Blanco o negro.  

Las opciones graduales no están consideradas por aquellas personas que construyen su realidad en base a categorías. Esta tendencia a evaluar en extremos totalmente polarizados (todo o nada) es lo que en el campo de la psicología social se ha denominado “pensamiento dicotómico” o “pensamiento en blanco y negro”.  

Estas personas necesitan ajustarse a un esquema rígido y estable que les ofrezca la posibilidad de simplificarlo todo y así obtener una ficticia sensación de control, representando un pensamiento excluyente y limitante.  

“Hay dos tipos de personas en este mundo, las que creen que hay dos tipos de personas y las que no”.  

Las personas que sufren este tipo de distorsiones de la realidad construyen sus experiencias de forma extrema y absolutista, evocadas a la generalización, dando lugar y reforzando ideas preconcebidas que son el abono perfecto para el origen de muchos prejuicios y el alimento de los estereotipos.  

A su vez, la polarización de una conducta puede sernos de gran utilidad en algunas situaciones para evaluar una situación concreta y tomar decisiones. Resulta más sencillo ya que nuestro cerebro no necesitará hacer ningún esfuerzo al no obligarnos a contemplar la variedad y diversidad de factores. Es un modo de ahorro energético en los procesos cognitivos.  

A nuestro cerebro le encanta este modelo de toma de decisiones, y es por el que suele tener cierta predilección. Ya hemos visto a lo larga de varias entradas en este blog que nuestro cerebro rápidamente pulsa el botón de “ON” en lo que ahorro energético y de recursos se refiere. 

Le debemos a Albert Elis el desarrollo del modelo de la terapia racional emotiva conductual y a Aaron Beck su método de terapia cognitiva, que pone especial atención en las creencias y los filtros que empleamos para percibir la realidad y cómo trabajamos la información almacenada. Todos distorsionamos de algún modo la información que percibimos, pero es un problema cuando de forma sistemática nuestro pensamiento se presenta de forma rígida y estereotipada, dirigiéndonos al cautiverio del pensamiento dicotómico.  

Evolutivamente, las modificaciones de nuestros procesos cognitivos en el proceso del filtro de la información a través de la experiencia ha sido el modo en el que nuestro cerebro ha garantizado nuestra supervivencia. Por este motivo, nuestros procesos cognitivos son un reflejo del grado de madurez de procesos de pensamiento de una persona.  

Beck así lo teorizó, apoyándose en los fundamentos de la teoría de desarrollo cognitivo para crear un modelo de clasificación del proceso madurativo de una mente primitiva a una mente madura.


Evitar el absolutismo del pensamiento dicotómico no es siempre sencillo y nos encontraremos en muchas ocasiones en las que viviremos episodios de un alto impacto emocional, como rupturas de pareja, muerte de un familiar o la pérdida de un empleo, en el que el pensamiento dicotómico estará muy marcado en nuestras acciones. Por este motivo debemos diferenciar las situaciones puntuales de la práctica habitual.  

Ser capaces de controlar esta distorsión cognitiva nos facilitará una mayor riqueza en nuestros puntos de vista, facilitando que éstos sean más respetuosos y con la flexibilidad necesaria para adaptarnos a las complejidades del mundo y a la interacción con las personas. Conectaremos y nos enriqueceremos con todo lo que nos rodea y favoreceremos nuestras relaciones, experiencias y capacidades.  

Como dijo Robert B. Reich: “Descubre por ti mismo en qué quieres llegar a ser muy bueno, sé consciente de que nunca te satisfará del todo haber alcanzado el pleno dominio, y acepta que así está bien.”  
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Efecto Diderot, por qué queremos lo que no necesitamos.


El filósofo francés Diderot nos dejó en el S. XVIII una perla de sabiduría que en el contexto actual cobra más fuerza que nunca: “Era el amo absoluto de mi antigua bata, pero soy esclavo de la nueva. Cuídate de la contaminación de las nuevas riquezas. El hombre pobre puede estar tranquilo sin preocuparse de las apariencias, pero el hombre rico siempre está bajo tensión. “  

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